miércoles, 11 de septiembre de 2013

Gente culiá escribiendo

Lo que uno piensa en un día como hoy es que la libertad de expresión debería ser redefinida. No me atrevo a decir que debería ser un derecho para que me malinterpreten como a Nietczhe (no sé cómo se escribe), pero eso es realmente lo que pienso.
Antes de que existieran esas weás de las redes sociales, las personas que podían, con su opinión, tener acceso a miles de personas eran muy pocas. Ahora cualquier saco de weá pasao a caca puede escribir lo que se le ocurra y molestar a todos. Siempre ha sido así, pero la diferencia es que en la vida real las personas respaldan las opiniones con sus vidas, con su pasado, con quienes son y con quienes pueden dejar de ser. Por eso nadie dice nada en la vida real, pero llegan a su casa a twitear (porque ni siquiera son capaces de ponerlas en el carelibro) todas sus opiniones de niño recién salido del kinder.
No digo que la libertad de expresión en general debiera ser un privilegio, pero las personas deberían volver a hacerse responsables por sus opiniones. Creo que a raíz de las redes sociales debería redefinirse el concepto de libertad de expresión y creo también que la libertad de expresión, como la conocemos, debería ser un privilegio en las redes sociales.
Eso pienso hoy. Chupen el pico todos los pinochetistas sacos de mierda.

Perros de casa en las calles

El otro día tuve la mala idea de irme en bicicleta al centro en un día de lluvia y viento. La lluvia no me molestaba, es más el viento que siempre pega en contra de pa'onde uno va. En un viaje así de largo hay que estar preparado y tener un monólogo bien preparado pa no aburrirse ni concentrarse demasiado en el viento o en el cansancio. De hecho no me gusta cruzar el puente con cualquiera, como tampoco me gusta estar con gente con la que no sé de qué hablar.
Bueno, les cuento que al final llegué al centro bien apurado porque ya eran más de las cuatro. Pensé que el viento sería menos cuando por fin saliera del puente, pero no fue así. Iba por Chacabuco pensando que nunca he podido pegarle a alguien en un sueño porque siempre que los tengo listos les termino casi que haciendo cariño con el cacho en el hocico. Es terrible, casi tan terrible como escapar de las olas en cámara lenta hundiéndome en la arena. Llegando como al Enrique Molina me atacó un perro mientras pensaba en el tipo que murió de rabia. No me alcanzó a morder porque le puse una patá en el hocico como pude y me bajé de la bici. El perro culiao estaba ensañado conmigo hasta que llegó un paco a sacarlo. Era un labrador enorme y negro, de casa lógicamente, de algún saco de weá descuidado. A diferencia de mis sueños, a este sí le pude pegar, pero me dejó como un bolo alimenticio verde y asqueroso en la zapatilla que no quise ni tocar. Después pensé un rato más en ese ciclista que lo atacaron los perros con rabia; el resto del viaje le di vueltas a lo que habrá comido ese perro para haber tenido esa porquería verde en la boca.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

P.

Echo de menos los días en que no tenía miedo de irme caminando con un compañero por no saber qué hablar. Ya se me olvidó cómo acercarme a la gente, aunque tampoco me quedan ganas. Sólo quiero dormir.
Pensaba en la micro en todos los amigos que tengo y en los que me van quedando y no son muchos. Debo ser de las personas que más amigos tenía y que menos le quedan. Para que quede más claro, si hacemos la división amigosactuales/amigostotales (o algo así), el número que resultaría de eso sería realmente chico. Me atrevería a decir que de todas las personas que conozco, sería uno de los más pequeños.
Pero lo que más me preocupa de todo esto es que hay un amigo que echo particularmente de menos: P. P. es un buen amigo. Es de esos que nunca te dejan solo. Él tampoco es de muchos amigos ahora. Pensé en él porque extraño esas conversaciones de toda la noche, echados en un saco. No cualquiera las soporta. Ahora sólo pienso en las personas que conozco y en cómo se meten en esos putos teléfonos mientras les estoy hablando. Pienso que nadie me escucha. P. no era así.
Lo voy a dejar hasta aquí porque ya no puedo escribir nada.

martes, 23 de julio de 2013

U Pe

Me contaba mi mamá que en ese tiempo en el liceo les daban todos los días una porción de leche de parte del gobierno, pero que no todas las niñas se la tomaban. Había un grupo que siempre la botaba, la tiraba o la reventaba. Mi mamá a veces les pedía que se la regalaran porque ella era feliz tomándosela.

lunes, 22 de julio de 2013

Puente Chacabuco

Desde el día que lo vi que no lo puedo entender. Recuerdo que en todos los medios se hablaba de que costó cuatro veces más caro de lo que hubiera salido en condiciones "normales", pero como era para una emergencia valía la pena pagar el precio. El problema fue que para cuando lo tuvieron listo ya no servia, porque el otro puente ya estaba operativo. Lo que me pregunto es quién será el dueño de la constructora que se ganó la licitación por tanta plata, pero me da paja buscarlo, ni siquiera sé si vale la pena y yo creo que muchos más se han preguntado lo mismo, además, quiero apuntar a otro tema.
Recuerdo que en esos días del terremoto fui a visitar el viejo puente viejo antes de que fuera demolido. La mitad de su cuerpo estaba en las aguas -en la arena en realidad- y la otra mitad simplemente no estaba. Me acuerdo perfecto del día que lo destrozaron, porque se podía escuchar las explosiones desde mi casa. Lloré toda esa tarde.
¿Saben donde está el problema? En que el nuevo puente no lo construyeron donde estaba el puente viejo y donde se conectaba con los accesos existentes, sino que como cien metros desfasado, para que se uniera con Chacabuco supuestamente. ¿Para qué? Bueno, creo que lo hicieron intencionadamente, no sólo pensando en que Chacabuco es una avenida y Víctor Lamas no, sino que además les interesaba mucho que de alguna forma tuviera que construirse una nueva conexión que pasara por parte de la población Aurora de Chile, para así poder comenzar con la erradicación.

jueves, 4 de julio de 2013

La lástima y la pena son cosas muy distintas. La lástima y la miseria también. La pena y la miseria se parecen a veces, una te lleva a la otra y viceversa. Un weon miserable da lástima, pero alguien que se siente miserable no da lástima, sólo tiene pena siempre. No hay nada que hacer, está condenado a estar triste no más, no importa lo que pase, no importa si se gana el Kino. Ojalá este blog no esté dando lástima porque eso sería una tragedia. La gente nunca quiere dar lástima.

jueves, 13 de junio de 2013

Destrucción de las memorias

Aprendí a jugar un juego el otro día. No sé si tendrá un nombre o si alguien más lo habrá jugado antes, sólo sé que en ese momento yo sabía que todos lo estábamos jugando. No es gran cosa, se trata de que todos los presentes hacen un acuerdo tácito de que están jugando y mientras conversan van olvidando y recordando lo que prometieron. Todos se miran como diciendo, ¿sabes de que se trata verdad?
Pero esa complicidad no es permanente, es tan frágil como un segundo como dice la Violeta. No lo digo por decirlo, es literal, he ahí la dificultad del juego. Entonces, ¿cómo se arma todo de nuevo una vez que fue olvidado? No lo sé, sólo vuelve a ocurrir miles de veces. Es terrible, es tan rápido, apenas alcanzas a entender de qué se trata, que estás vivo y que todos los demás también están jugando y ya tienes que olvidarlo. Lo peor de todo es que lo sabes, sabes que al próximo instante tendrás que volver a ganar ese juego para volver a perderlo. Y así es como se va la vida, así es como se escapa entre los dedos sin que puedas hacer nada. Eso es lo terrible, no saber si la próxima vez que te toque te darás cuenta realmente que estás vivo o no.

Esta canción no tiene nada que ver, pero me gusta y pongo lo que yo quiero aquí


 Lo que hubiera sido que se quede donde está