Pasó por al lado mío un perro negro, chico y bien feo que hizo pipí en el primer poste que encontró y siguió caminando. Le hablé varias veces, quería saber si mi cuerpo no se había quedado sentado en la micro o botado en alguna calle más atrás. Imploraba que se diera vuelta, que caminara conmigo hasta mi casa, pero no lo hizo. ¿Habrá sabido ese perro todo lo que yo lo necesitaba? Tal vez nunca me vio, tal vez sigo tendido en el parque de los árboles grandes.
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viernes, 23 de marzo de 2012
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