Anhelo el momento del día cuando ya no puedo escuchar nada más que ese ruidito como de interferencia que viene con el silencio, para así recordar el silencio absoluto. Todo se transforma en aquel momento del día en el que ya no hay voces ni remordimientos, porque no puedo oír nada más que el zumbido que se intensifica mientras avanza esta noche indefinida por el universo. Casi como en un sueño, quiero buscar esa oportunidad en el que todo el estruendo explota, como en un big bang que enmudece mi infinito para crear la nada perfecta, esa nada secreta de donde no escapan los pensamientos. Anhelo este instante del día en el que todo se convierte en nada por un par de segundos eternos.
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sábado, 12 de febrero de 2011
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