viernes, 22 de julio de 2011

Casa en un árbol

Estaba ahí, parado sobre el árbol, con un gorro de abuelo y un lápiz mina sobre la oreja, martillando. Yo no entendía mucho lo que estaba haciendo, pero sabía que era para mí. Pasamos días sobre ese árbol, yo lo miraba trabajar en silencio, sentado sobre un banquito que me construyó. Sólo bajábamos para almorzar. Las tablas de a poco se fueron haciendo uno con el árbol y todo cobró sentido entonces. Le pusimos una escalerita colgante y una puerta trampa, pintamos las paredes de verde oscuro en honor al camuflaje de guerra, muy de moda en esos años, y sobre nosotros, un par de planchas de plástico verde para que se pintara todo por dentro entre luz y color.
Nunca estuvo tan viva mi casita como en esos días cuando el sol se colaba suave entre las hojas.

jueves, 21 de julio de 2011

Es estúpido, pero de alguna forma sabía que no tocaríamos el viernes. ¿Puede que una superstición sea capaz de transcender a la muerte incluso?

miércoles, 13 de julio de 2011

Una micro vacía puede perfectamente evocar un domingo por la mañana, cuando prefieres tocar el timbre y bajarte por atrás, para no tener que hablarle al micrero ni verle la cara de desaprobación por estar usando el pase a esas horas.

sábado, 2 de julio de 2011

Es el primer día del mes, porque ayer yo creo que no contaba. Y como primer día no vale la pena escribir nada, porque desmerecería lo que puede pasar en los próximos días, además los ánimos no están como para pronósticos. En realidad no, y estoy exculpando completamente al sueño, que es lo que no me deja dormir.

martes, 28 de junio de 2011

Primer día en meses que dormiré sin reproches; feliz, escuchando la lluvia.

Escalada.

Estoy chato de la escalada y de toda la gente. Esa weá se llama deporte desde que empezó a ser caro. ¡Qué weá más estúpida! Venden las cuerdas como si fueran de oro y el nombre del deporte junto a la moda esa de todos los loquitos que salieron ahora. ¡Qué lata la weá! Ojalá no me hablen más de esa porquería. Como si ir a subir el cerro no fuera la misma weá. Aunque definitivamente no es lo mismo porque para eso no necesitas nada más que tus pies, en cambio pa' la otra weá hasta la polera culiá tiene que ser especial. Lo peor de todo esto es que va de la mano de toda esa ideología de la huella de carbono y de la de comernos toda nuestra basura, cuando no somos capaces siquiera de recoger la de los demás, porque mientras no seamos los que ensucien está bien todo. Estas ideas, que son construidas sobre la base de un deporte o de una moda, están destinadas a desaparecer de la misma forma como llegaron: por moda. Y para terminar de dejarme chato, terminan de explayarse acerca del deporte diciendo -motívate po weón-, como si tuviera que estar en el sindicato de los escaladores pa' subir por las rocas. Esto está casi al nivel de los scouts. Ojalá nadie más me hable de esa porquería de nuevo...

 Lo que hubiera sido que se quede donde está