martes, 12 de abril de 2011

La atmósfera se comenzó a teñir de colores de primavera, mientras nos confundíamos entre el mirar y el vivir. Olvidábamos épocas y compañías, incluso para qué habíamos subido al cerro, cuando un fruto estalló el encarnizado tiroteo. Los infinitos eternos del bosque cubrían mi cara de los impactos de los rasantes proyectiles. Recogí algunas balas que encontré de los años de la resistencia y otras de siglos anteriores, hice algunas señas para que me cubrieran y comencé a correr. Una vez que los disparos se hicieron más inminentes, las tres risas inundaron el bosque, como alguna vez lo habían hecho en otros días más verdes que estos; días que evocábamos involuntariamente con nuestras sonrisas.
Corrí y corrí sin parar, esperando que alguien me siguiera. Tenía ganas de reír. Ya no podía parar, en una carretera de un solo sentido buscaba el camino de regreso.

lunes, 11 de abril de 2011

cuadernos

No sé por qué, pero el que come a mi lado me da pena, tal vez porque tiene hambre; la forma de comer puede decir mucho de ti. A lo mejor esa empanada es su almuerzo, como el mío, que fue una mierda. ¿A alguien le daré pena también?

jueves, 7 de abril de 2011

miércoles, 6 de abril de 2011

Con la cabeza en otro lugar pasaba en limpio las palabras que estaban quedando horrendas por razones obvias, mientras las distintas partes de mí salían corriendo en diversas direcciones buscando algo que hiciera por fin amanecer. La única solución que encontraba, por absurda e ingenua que fuera, era conectarme.

martes, 5 de abril de 2011

Sonaban los misfits mientras la noche pasaba tranquila y eterna frente al techo oscuro que debía de estar ahí.
Quiero saber lo que hubiese soñado anoche, en ese lugar escondido, si el sofocante aire saturado de agua me hubiera dejado cerrar los ojos.

 Lo que hubiera sido que se quede donde está