martes, 28 de septiembre de 2010

Partida.

Tengo miedo, como cada vez que no sé qué va a ocurrir; como cada vez que me meto al mar. La incertidumbre de no saber a donde vas. Ignorando el destino, camino entre el polvo de las calles, que el viento levanta para advertirme. Me he quedado a ciegas, porque el sol me quita los ojos, el sol que se refleja en esa ruta con la que debo aprender a ver de nuevo, bajo el resplandor de la ceguera. A cada paso que me alejo de la seguridad de la compañía, crecen mis dudas, alimentadas por el hambre y el peso de mi imposible carga. Se acallan en mis oídos todas las voces que engendran mi errante andar, aquellas voces que ansiaban volver, cesan, confundidas por la estupidez. Obstinadamente piso las flores y el pasto de la carretera que me lleva a nada. Sin mucho que entender, termina mi guerra civil, cuando todo comienza: había parado una camioneta.

cuba

estoy confundido, ya no sé que creer ni a donde ir... me quiero encerrar a que pase el tiempo...

go. visa

Sólo sé que quiero recorrerte, solo entenderte y enamorarme de tus ideales mágicos... Quiero escapar de la vacía ignorancia de ser usado, necesito esconderme de la maldición del dinero, que asecha a cada paso, en cada esquina; disfrazada de ovejas que piden pan. No puedo con ustedes, no puedo con todos ustedes, ¿por qué no me entienden? puedo darles cualquier cosa, menos lo que me piden...
Estoy fallando, fallan mis planes y con ellos el motivo de este viaje. Cada palabra, cada foto, cada indecisa mirada, me aleja un poco más de ustedes y a ustedes de mí. Mi ropa, mi piel y mi pelo no me ayudan a entenderlos, más aún, me avergüenzan. Siendo diferente, estoy fracasando, al punto de refugiarme dentro del mundo que tanto repudio; allí nada me asusta... Lo único que he conseguido es sentirme menos, mucho menos... Irónicamente hoy, me gustaría estar con ella, y recorrer juntos las calles, de esta nueva victoria, amparado bajo el alero de tu infinita confianza.
Temo por la veracidad, la nobleza y la subjetiva objetividad de este blog. A veces quiero esconderlo, y en parte ganarme esa mediocre libertad de no tener a nadie que juzgue lo que escribo, pero creo que les debo respeto a mis inexistentes lectores.

sábado, 25 de septiembre de 2010

sueño de papá

Tuve un sueño, de esos típicos míos en que no pasa casi nada; no tenía más sentido que el lugar donde estábamos. No recuerdo mucho. Íbamos en un auto, esos que le gustan a mi papá; bien ostentosos, pasando por un lugar que camino siempre en mis sueños, ahí cerca del banco. Recuerdo que unos niños jugaban fútbol en un pedazo ridículo de pasto, entre la calle y la rotonda, usando esos horrendos árboles, del pseudo parque, como arcos. Sin mayor desenlace que este, no recuerdo como, terminamos estacionados en la mitad de la "cancha de fútbol", sin que nos importara nada más que nosotros, y mi papá autodescribiéndose a la perfección con ésto. Luego, como era lógico de esperar, los niños comenzaron a insultarnos, a lo que mi papá les contestaba con argumentos cada vez más fachos. Qué pena saber que ya no escapa ni de mis sueños.

viernes, 24 de septiembre de 2010

la tele y sus locuras

Aún no puedo identificar qué es lo que me da risa de la tele, no sé si es algo inherente al haber pensado hace muy poco o un complejo proceso radicado en el estúpido trauma de la pérdida de mi autoestima; un estado en que todo carece de coherencia o de seriedad, mas no puedo decidir, aún, si es una bajeza de la conciencia o una existencia superior. Reírse de las mentiras, de las manipulaciones, de las verdades, de los mineros, de los presidentes, de los comerciales, del consumismo, de la gente y de las sociedades, puede parecer de alguien que no piensa, pero eso todavía no me queda muy claro. Sólo sé que lo que más me alegró, de entre todas las noticias, fue ver a todos los "fanáticos tecnológicos" haciendo filas, de madrugada, para comprar el "nuevo ipod".

uruguay

Qué suerte! Qué no daría por haber sido ellas, lindas, ingenuas, tontas; perfectas. No entienden lo que acaban de ver, han conocido otra cultura hasta sus más profundas raíces y aun así no les importa, porque no es lo que han venido a buscar. Qué ganas de no darme cuenta de esto; de simplemente disfrutar de la estupidez. Esas niñas han conocido al verdadero Chile, en su forma más sincera, y eso es algo que no tiene precio. Qué lástima que ellas no lo valoren y que ni siquiera sean capaces de comprenderlo.

 Lo que hubiera sido que se quede donde está