viernes, 10 de septiembre de 2010

Relámpagos

No me puedo ocultar de esta cautivante oscuridad que me ofrece la terraza. Desde allí podía ver casi toda la ciudad. Las luces de la bahía se empañaban al escuchar el suave arrullo de las olas; el faro, incesante, guía el rumbo de mi noche, al compás de los truenos. Sentado a oscuras, ahí, en el vacío, esperando el próximo relámpago, tratando de adivinar de qué color pintará el cielo, bajo la tenue oscuridad de una ciudad dormida sobre sus propios sueños.

jueves, 9 de septiembre de 2010

que los demás sean más bajos no me hace más alto a mí.
es el bicentenario poh, hay que celebrarlo.
La vida es como el recorrido de la micro; comienza vacía pero mientras se recorren las calles comienza a unirse el sentido, para al fin, terminar vacía.
Compré madurez con años de estudios y compré sensaciones con un viaje; al final todo se reduce a plata, y tal vez un poco, al tiempo.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Aprendimos a quererte
desde la histórica altura
donde el sol de tu bravura
le puso un cerco a la muerte.

Aquí se queda la clara,
la entrañable transparencia,
de tu querida presencia
Comandante Che Guevara.

Tu mano gloriosa y fuerte
sobre la historia dispara
cuando todo Santa Clara
se despierta para verte.

Aquí se queda la clara,
la entrañable transparencia,
de tu querida presencia
Comandante Che Guevara.

Vienes quemando la brisa
con soles de primavera
para plantar la bandera
con la luz de tu sonrisa.

Aquí se queda la clara,
la entrañable transparencia,
de tu querida presencia
Comandante Che Guevara.

Tu amor revolucionario
te conduce a nueva empresa
donde esperan la firmeza
de tu brazo libertario.

Aquí se queda la clara,
la entrañable transparencia,
de tu querida presencia
Comandante Che Guevara.

Seguiremos adelante
como junto a ti seguimos
y con Fidel te decimos:
hasta siempre Comandante.

Aquí se queda la clara,
la entrañable transparencia,
de tu querida presencia
Comandante Che Guevara.




martes, 7 de septiembre de 2010

hasta siempre...

En un lugar donde ser extraño te condena, cuando el dinero me lleva de paseo por el infierno, me escondo detrás de mis propios miedos. Me camuflo en el altar de los sueños, vestido de normalidad, trato de pasar desapercibido. Sentado en una silla que adornaba el paisaje, me vuelvo parte de éste, me convierto en la pintura del muro a mis espalda y, entonces, ya nadie me nota. Como un Dios, observo lo pintoresco de la miseria que he creado; invulnerable, infinito, me río. Sólo disfrazado de pobreza obtengo lo que he venido a buscar, sentado como un Dios, observo, tranquilo, toda esa miseria que me hace tan feliz...

 Lo que hubiera sido que se quede donde está