
domingo, 4 de julio de 2010
jueves, 1 de julio de 2010
plan de alimentación
blanco de lluvia, de lluvia blanca que comprendes el verde de ojos blancos, coquetos, sinfín de multitudes erróneas, celebran compras negras y rayos blancos multicolores de sueños; cantamos exponenciales de energía renovable y esperemos ese día benigno de otoño en que nos veremos solos, con bermudas de colores rayados y camisetas de tonos apagados, apretados todos y respirando lluvias. entonces anhelos del mar insulso compran nuevas consignas que mueven tu mundo y el mio; en distintos sentidos y formas. comprendes ahora lo que significan nodos de tus comportamientos sin sentido, el vacío que dejas al exaltar mis sentidos, superfluos de vida o de vidas sin sentido. en mis manos estará el futuro de mi propia cortina o de la de todos los que aparentan sin entender lo que esconden, ni por qué. al final moriremos todos, tan solo seré distinto al saber qué nos mató y por qué.
jueves, 24 de junio de 2010
lo que pasa en meses de verano
Te extraño y comienzo a perder la cabeza por ti, y más te extraño. Contigo, no me importa el frío que siento a tu lado; el cansancio que te sostiene, llena mis brazos de vida; los malditos monstruos bajo tu superficie me alientan a alejarme de la orilla; se me va la cabeza si no estás aquí. Quiero entrar a ti y empezar a congelarme, para olvidarlo volando juntos. Entonces cuando la última piedra se hace más grande, no sentiré mis brazos ni mis pies, tu miedo me consume y me dejas solo con el infinito, así cuando caiga me rescatas del hielo y saltamos del agua. Volando juntos no hay frío que nos detenga, somos uno hoy y para siempre, porque nuestro pacto lo sellamos al instante de enseñármelo todo. Algunas veces me gustaría simplemente no haberte conocido, sería libre, libre al no saber lo que quiero a cada segundo que cuento, libre al no querer estar contigo y libre de conocerte. Cierra este condenado trato y llévame contigo a estar juntos por siempre ...
martes, 22 de junio de 2010
sábado, 19 de junio de 2010
viernes, 18 de junio de 2010
recuerdos felices
Sin quererlo, le flotó en la memoria un recuerdo. Vio una habitación iluminada por la luz de una vela con una gran cama de madera clara y él, chico de nueve o diez años que estaba sentado en el suelo agitando un cubilete de dados y riéndose excitado. Su madre estaba sentada frente a él y también reía. Aquello debió ocurrir un mes antes de desaparecer ella. Fueron unos momentos de conciliación en que Winston no sentía aquella hambre imperiosa y le había vuelto temporalmente el cariño por su madre. Recordaba bien aquel día, un día húmedo de lluvia continua. El agua chorreaba monótona por los cristales de las ventanas y la luz del interior era demasiado débil para leer. El aburrimiento de los niños en la triste habitación era insoportable. Winston gimoteaba, pedía inútilmente que le dieran de comer, corría por la habitación revolviéndolo todo y dando patadas hasta que los vecinos tuvieron que protestar. Mientras, su hermanita lloraba sin parar. Al final le dijo su madre: "Sé bueno y te compraré un juguete. Sí, un juguete precioso que te gustará mucho". Y había salido a pesar de la lluvia para ir a unos almacenes que estaban abiertos a esa hora y volvió con una caja de cartón conteniendo un juego llamado "De las serpientes y las escaleras". Era muy modesto. El cartón estaba rasgado y los pequeños dados de madera, tan mal cortados que apenas se sostenían. Winston recordaba el olor a humedad del cartón. Había mirado el juego de mal humor. No le interesaba gran cosa. Pero entonces su madre encendió una vela y se sentaron en el suelo a jugar. Jugaron ocho veces ganando cuatro cada uno. La hermanita, demasiado pequeña para comprender de qué se trataba el juego, miraba y se reía porque los veía reír a ellos...

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